Pompeya en la piel

Tenía a Pompeya entre ceja y ceja. Mi mamá recorrió Italia el 2012 y quedó impactada con la ciudad; lo comentamos muchísimas veces. Aunque la referencia venía muy de cerca, terminé amando esas antiquísimas calles antes de conocerlas, y esperé casi tres años para llegar a ellas. Aquí un poco de esta historia.

Fuimos con Nicolás a Nápoles el 2015 y creo que inconscientemente, sólo quería estar cerca de Pompeya. Sabíamos de la reputación que tenía el puerto italiano, pero quisimos “ver para creer”. Y a pesar de todos esos comentarios y de la locura napolitana, lo pasamos increíble. Llegamos a la romana Pompeya en tren, que está a sólo a unos 45 minutos del puerto, un día sábado, con un calor abrumarte.

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La ciudad fue enterrada por la erupción del volcán Vesubio, el 24 de agosto del año 79 d.C. Sus habitantes fallecieron debido al flujo piroplástico de la erupción. Esto no ocurrió de forma inmediata, sino que sucedió con el pasar de las horas. Por esta razón, la ciudad no fue destruida por el primer impacto de la erupción del Vesubio y podemos ver sus ruinas hasta día de hoy. Gracias a esto también, es que quedaron las sombras y figuras humanas de sus habitantes estampadas en la ceniza, como esperando a que acabara pronto el infierno desatado.

Romanamente imperdible

A las afueras de la ciudad puedes optar por algún tour que te guíe dentro de las ruinas, para luego dejarte explorar por tu propia cuenta. Para mí esta fue la mejor opción y la recomiendo; la ciudad es grande (abarcable pero grande) y lo mejor es tener a alguien que te explique donde estás parado. Dicho esto les contaré sobre los lugares que me marcaron, dejando para el final, el más importante en lo personal.

Teatro Grande

Construido en la primera mitad del siglo II a.C., adyacente al Foro Triangular y hecho absolutamente de forma helenística, es un espectáculo. Los árboles típicamente italianos en el fondo, la acústica perfecta del teatro y sus escalinatas perfiladas, te llevan a la cima y a una panorámica de ensueño.

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Residencias privadas

Todo lo que te muestra la ciudad de Pompeya es realmente apasionante. Puedes ver y estar muy cerca de la vida cotidiana de sus habitantes, gracias a la conservación de las ruinas. Sin duda los innumerables lugares públicos son objeto de devoción absoluta, pero me gustaría destacar la cantidad de residencias privadas en buen estado de conservación. Las puedes visitar, entrar y apreciar sus frescos, habitaciones y jardines. Es realmente una experiencia inolvidable. Aún puedo caminar por pasillos en mi cabeza y sentir la frescura de estar bajo techo, el olor a humedad y el frío de los azulejos.

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Templo de Isis

Es uno de los pocos templos en el mundo dedicados a Isis que aún siguen en pie. Fue levantado a finales del siglo II a.C. Se eleva sobre un altopodium según el esquema del templo itálico y en la parte trasera de este se levantan pequeños edificios, entre los que figura la sala destinada a las reuniones en nombre de la diosa.

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Aquí fue donde mi mamá quedó prendada de algo inexplicable y donde se sintió como en casa, aquí fue donde yo no pude sonreír en ninguna fotografía por el nerviosismo, y por la misma razón. Meses después ambas dejamos un símbolo de la diosa en nuestra piel para siempre, y sin querer, Pompeya quedó aún más clavada en nuestros recuerdos.

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